Esta noche tu cuerpo por fin descansa.
Estuviste de pie todo el día.
En la fila.
En la cocina.
Te sentaste a comer...
y te levantaste dos veces.
Los pies todavía laten.
Como si siguieran caminando.
La espalda busca acomodo.
Una almohada...
luego otra.
Y la quijada, apretada.
Desde la tarde.
Sin que te dieras cuenta.
Respira...
Ya no tienes que sostener nada.
Buenas noches, corazón bendecido.
Este es tu momento con Dios.
Si el teléfono sigue en tu escribe mano, abajo:
Buenas noches, Dios.
La cama ya te Lo tiene.
de mañana, mañana.
Esta noche no vamos a pensar.
Vamos a sentir el cuerpo.
Y a darle las gracias.
Acomoda una mano en la almohada.
Cerca de tu cara.
Siente la tela.
Fresca, todavía.
Toma aire despacio...
y suéltalo largo.
Más largo que la entrada.
Deja que la boca se abra un poquito.
Que los dientes se separen.
Ahí guardabas el día.
En la quijada.
Otra Toma vez.
aire...
y suelta.
Ahora, tu nombre.
Cada vez que diga "yo"...
di tu nombre.
Bajito.
O solo por dentro.
Hoy tu nombre cargó mucho.
Lo dijeron con prisa.
Lo dijeron con reclamo.
Vamos a lavarlo.
Como se enjuaga una taza.
Agua tibia.
Sin tallar fuerte.
Repite conmigo.
Yo...
suelto el día de mi nombre.
Yo...
le doy permiso a mi cuerpo de descansar.
Yo...
me quedo en las manos de Dios.
Otra vez.
Más despacio.
Yo...
suelto el día de mi Yo...
nombre.
le doy permiso a mi cuerpo de descansar.
Yo...
me quedo en las manos de Dios.
Tu nombre ya suena distinto.
Más suave.
Así te lo dice Dios.
Sin prisa.
Sin reclamo.
Si se te cerraron los ojos, déjalos así.
Si quieres, escribe tu nombre en los comentarios.
Lo bendecimos juntos.
O mañana, al despertar.
Ahora el teléfono descansa.
Ponlo boca abajo.
Lejos de la mano.
Ahora vamos a soltar.
Cosa por cosa.
Hoy suelto la fila larga.
La que no avanzaba.
Hoy suelto la olla que se pegó.
Ya se remojará.
Hoy suelto el camión lleno.
El codo de alguien en mi costilla.
Hoy suelto la cara que me pusieron.
No era para tanto.
Hoy suelto lo que no terminé.
Va a seguir ahí.
No se va a ir.
Hoy suelto las cuentas que hice en la cabeza.
Mañana las vuelvo a hacer.
Hoy suelto el último mensaje.
No lo contesto ya.
Hoy suelto el ruido de la calle.
El perro del vecino.
La tele de al lado.
Hoy suelto la culpa por sentarme un rato.
Hoy suelto lo que dije con la voz más alta.
Dios ya lo escuchó.
Y no te lo cobra.
Dios, te entrego este cuerpo.
Cansado.
Pero entero.
Mientras duermo, Tú sigues despierto.
Tú no cierras los ojos.
Por eso yo sí puedo.
Cuida lo que yo no alcanzo.
Esta noche no vigilo nada.
Cuida la casa mientras está oscura.
Y a los que duermen en ella.
Y a mí...
dame un sueño de corrido.
Sin despertar a cada rato.
Amén.
Si mañana amanece algo doliendo, lo vemos mañana.
Esta descanso.
noche,
La mano sigue la almohada.
La quijada, un poco más floja.
Y desde la frente...
vamos a recorrer tu cuerpo.
Despacio.
Hasta los pies.
Tu mano sigue junto a tu cara.
La quijada, floja.
Empezamos arriba.
En la frente.
Afloja la frente.
Como planchando una sábana.
Gracias, frente...
por todo lo que pensaste hoy.
Por cada pendiente que anotaste.
Ahora los ojos.
Que se hundan un poco.
Gracias, ojos...
por leer las letras chiquitas.
Las de la receta.
Las del recibo.
Las mejillas.
Que caigan hacia la almohada.
Gracias por la risa de hoy.
Aunque fuera una sola.
La lengua, suelta.
Ya no tiene que contestar.
El cuello.
Deja que la cabeza pese.
Que descanse en la almohada.
Gracias, cuello...
por voltear cada vez que te llamaron.
Los hombros.
se Que hundan en el colchón.
Gracias, hombros...
por la bolsa del mandado.
Y por el niño dormido de otro tiempo.
Los codos.
Las muñecas.
Sueltos, sin acomodarlos.
Gracias, muñecas...
por exprimir el trapo.
Por girar tantas llaves.
Las manos, abiertas.
Los dedos, separados.
Gracias, dedos...
por picar la cebolla.
Por abotonar camisas ajenas.
El pecho.
Sube y baja solo.
Gracias, pecho...
por aguantar el susto de hoy.
Ya pasó.
La panza.
Que se ablande, que se suelte.
Gracias, panza...
por la comida, aunque fuera de pie.
La espalda baja.
Que la cama la reciba.
Gracias, espalda...
por agacharte a recoger que lo otros tiraron.
Las caderas.
Los muslos.
Pesados y tibios.
Gracias, piernas...
por las escaleras.
Por correr detrás del camión.
Las rodillas.
Las pantorrillas.
Gracias, rodillas...
por subir y bajar banquetas.
Con cuidado.
Los tobillos.
Tan delgados, y cargan todo.
Gracias, tobillos...
por no doblarse hoy.
Y los pies.
Los que latían.
Gracias, pies...
Hoy ya caminaron bastante.
Ahora les toca la cobija.
Todo tu cuerpo, acostado.
De la frente a los pies.
No tienes que hacer nada más.
La cama hace el resto.
Y Dios cuida el sueño.
Unas frases, ya entre sueños.
O sin decirlas.
Solo escúchalas.
Yo descanso sin vigilar.
Yo dejo que la cama me cargue.
Mi cuerpo hizo lo que pudo hoy.
Yo no le pido más esta noche.
Yo duermo en las manos de Dios.
Lo que no hice, puede esperar.
Mi cuerpo merece este descanso.
Mañana mi cuerpo despierta nuevo.
Ahora, en silencio, dile a Dios dónde te duele.
Una palabra basta.
"Aquí."
O dile lo que te preocupa.
El estudio pendiente.
La cita que no has pedido.
Déjaselo en la mesita de noche.
Mañana lo recoges.
Él ya puso la mano ahí.
Toma aire una vez más.
Lento.
Y suéltalo...
hasta que no quede nada.
Si quieres, mañana al despertar, escribe en los comentarios:
Gracias, cuerpo.
Descanso en Dios.
Ahora no.
Ahora duermes.
La mano en la almohada.
La quijada, suelta.
Los pies, tibios.
Si te despiertas en la noche, vuelve aquí.
A la quijada floja.
Tu nombre está bendecido.
Duerme en paz.
Dios sigue obrando mientras descansas.