Anoche, con la luz apagada...
volviste a esa conversación.
La repasaste frase por frase.
Lo que dijiste.
Lo que te te escapó.
hubiera gustado decir.
Hay una palabra que se Hace años, o la semana pasada.
Todavía te arde cuando te acuerdas.
Y hay una puerta que se cerró.
ya Alguien que no te contesta.
Tal vez escribiste un mensaje para esa persona.
Lo borraste.
Lo volviste a escribir.
Y al final no lo mandaste.
A lo mejor pensaste: si pudiera volver atrás...
Atrás no se puede volver.
Pero sí se puede dejar de cargarlo.
Respira...
Hoy no tienes que arreglar el pasado.
Buenos días, corazón bendecido.
Hoy es el día cinco de diez.
Este es tu momento con Dios.
Aquí no hay que dar explicaciones.
Dios no vino a reclamarte nada.
Vino a quedarse contigo.
Hoy vamos a hablar de perdón.
Empezando por ti.
No te voy a pedir que olvides.
Ni que llames a quien te lastimó.
Hoy solo vamos a aflojar la mano.
Esa que lleva años apretando algo.
Cierra una mano sobre tu pierna.
Sin fuerza.
Como si guardaras algo.
Toma aire por la nariz.
Lento.
Y déjalo salir por la boca.
Todo.
Otra vez.
Llena el pecho...
y al soltar, abre esa mano despacio.
Si notas un nudo en la garganta, no lo empujes.
Déjalo ahí.
Ahora apoya esa mano en tu mejilla.
Como se consuela a alguien que lloró.
Una vez más.
Toma aire...
y suéltalo despacio.
Como quien suelta una cuerda después de tirar mucho rato.
Ahora vamos a bendecir tu nombre.
Cada vez que diga "yo"...
di tu nombre.
En voz alta, o en tu corazón.
Tu nombre también estuvo ahí.
En esa conversación que repasas.
Alguien lo dijo con rabia.
O quizá lo dijiste tú, frente al espejo, por algo que hiciste.
Hoy lo vas a decir de otra forma.
Con perdón.
Repite conmigo.
Yo...
me perdono.
Y dejo mi historia en las manos de Dios.
Yo...
no soy lo peor que he hecho.
Yo...
suelto lo que ya no puedo cambiar.
Otra vez.
Si te costó, es normal.
A uno mismo cuesta más perdonarlo.
Yo...
me perdono.
Y dejo mi historia en las manos de Dios.
Yo...
no soy lo peor que he hecho.
Yo...
suelto lo que ya no puedo cambiar.
Puede que ahora se te hayan mojado los ojos.
Deja que pase.
Una última vez.
Piensa en esa palabra que te arde.
Y di tu nombre encima de ella.
Más fuerte que ella.
Yo...
me perdono.
Y dejo mi historia en las manos de Dios.
Yo...
no soy lo peor que he hecho.
Yo...
suelto lo que ya no puedo cambiar.
Lo que pasó, pasó.
No lo vamos a maquillar.
Pero ya no tienes que repetirlo cada noche antes de dormir.
Perdonarte no borra lo que hiciste.
Te deja seguir caminando.
Piensa en quien eras en ese momento.
Sabías menos que hoy.
Y actuaste con lo que tenías.
Mira a esa persona con ternura.
Como mirarías a alguien que quieres.
Y si alguien te hizo daño, perdonar no te obliga a abrirle la puerta.
Solo sueltas el peso que te dejó.
Dios, te traigo mi historia.
Con las partes que me avergüenzan.
Tú ya la conocías.
Y aun así me buscaste.
Guárdala Tú.
Yo ya no puedo con ella.
Amén.
Si esta noche vuelve la conversación, di tu nombre despacio.
Y deja que se apague sola.
Si tu mano bajó, vuelve a ponerla en tu mejilla.
Con cariño.
Y con ese consuelo en la cara...
vamos a ver lo que te quedó.
Esa mano en tu mejilla...
déjala un poco más.
Sin nada que apretar.
Tu historia se quedó con Dios.
No hace falta ir a buscarla.
todavía tienes los ojos húmedos, sécalos con calma.
Con esa misma mano.
Antes, una respiración corta.
Toma aire despacio.
Y suéltalo largo.
Como si apagaras una vela.
vez más.
Toma aire...
y suelta.
Voy a decir algo que sueltas.
Y después, lo que te dejó.
Repite conmigo.
Una por una.
Hoy suelto la conversación de anoche.
Gracias porque ahora sé escuchar antes de contestar.
Hoy suelto la palabra que dije con rabia.
Gracias porque hoy la reconozco.
Y sé pedir perdón.
Hoy suelto la puerta que se cerró.
Gracias porque delante de mí todavía hay camino.
Hoy suelto a la persona que fui.
Gracias porque crecí.
Aunque haya dolido.
Hoy suelto el "si hubiera hecho..."
Gracias porque este día todavía está sin estrenar.
Hoy suelto la espera de una disculpa que quizá nunca llegue.
Gracias porque mi paz no depende de esa llamada.
Si alguna frase no te salió, sáltala.
Dios entiende.
Gracias, Dios...
por la gente que me perdonó antes de que yo lo pidiera.
Gracias por el abrazo que llegó cuando ya no lo esperaba.
Y gracias porque ninguna de mis caídas te hizo alejarte.
¿Se siente un poco más liviano?
A lo mejor sí.
A lo mejor mañana.
Ahora di tu nombre antes de cada frase.
Yo camino ligero hoy.
Yo no pago dos veces por el mismo error.
Yo puedo pedir perdón sin humillarme.
Yo puedo perdonar y aun así cuidar mi distancia.
Yo no vivo en la noche de ayer.
Yo le hablo a mi pasado con respeto.
Yo puedo recordar sin que me duela igual.
Yo puedo empezar una hoja nueva arrancar las anteriores.
Yo dejo que Dios escriba lo que sigue.
Yo tengo derecho a estar en paz.
Ahora, en silencio, entrégale a Dios un nombre.
El de alguien que te cuesta perdonar.
O el tuyo, si pesa más.
llega un recuerdo, déjalo pasar de largo.
No tienes que sentir nada especial.
Solo ponlo en Sus manos.
Ese nombre ya no lo cargas tú.
Ahora, algo para hacer con las manos.
Busca algo viejo que te duela mirar.
Un papel guardado en un cajón.
Un recibo, una tarjeta, una nota.
Míralo una última vez.
Da gracias por lo que aprendiste.
Y tíralo a la basura.
Sin ceremonia.
Hazlo hoy.
Antes de que se te olvide.
El cajón va a quedar más liviano.
Y tú un poco también.
Si es algo que no puedes tirar, guárdalo lejos de tu vista.
Eso también es soltar.
Escribe en los comentarios: Me perdono, suelto el pasado...
y camino ligero con Dios.
Cuando lo escribas, léelo despacio.
Que te llegue a ti primero.
Mañana es el día seis.
Vamos a bendecir el trabajo de tus manos.
Mañana volvemos a bendecir tu nombre.
Dios va contigo.