Para comenzar esta respiración guiada para dormir, recuéstate con pleno apoyo.
De la forma que te brinde mayor descanso y confort esta noche.
Cuando tu cuerpo se sienta listo, puedes cerrar suavemente los ojos.
Con los ojos cerrados, permite que tu respiración adopte un ritmo nocturno y pausado.
Primero, sintiendo la inhalación serena y la exhalación aún más lenta y suave.
Como empañar un cristal en la noche: un aire tibio que sale sin prisa por regresar.
¿Qué más puedes percibir en este soltar pausado y profundo del aire?
¿Cómo se siente cuando la exhalación es más prolongada que la inhalación?
Sin conteos que generen esfuerzo: solo una despedida más pausada en cada exhalación.
Tu sistema nervioso interpreta esta respiración como la llegada de la noche.
Acompaña otra exhalación profunda y libre, sin medir el tiempo.
El aire te está guiando suavemente hacia el descanso más profundo.
¿Qué sientes cuando la exhalación concluye, justo antes de volver a inhalar?
Solo observa. Acepta. Permite. Sin esfuerzos respiratorios ni exigencias.
Manteniendo los ojos cerrados, siente la calma nocturna que envuelve tu respiración.
Como si la noche misma respirara contigo: serena, acogedora y presente.
No hay nada que hacer ni ninguna cifra perfecta que alcanzar.
Si la mente se distrae, está bien: acompáñala de vuelta a la siguiente exhalación.
Estando en conexión con el lecho, con el aire pausado y con este remanso nocturno.
Permites que tu respiración te arrulle hacia el sueño más reparador.
Mantén esa exhalación pausada: las palabras se apagan, el aire permanece.
Conserva los ojos cerrados y deja que la noche marque el compás. Que descanses en paz.