Hoy vas a soltar un poco de peso.
Tú eres a quien todos llaman.
Para el trámite.
Para el consejo.
Para saber dónde quedó el cargador.
Sabes quién toma qué pastilla.
Y quién no come cebolla.
Y casi nadie te pregunta...
¿y tú, cómo amaneciste?
A veces lloras mientras te bañas.
Para que nadie te oiga.
Y sales con la cara lavada...
como si nada.
Respira...
Hoy no tienes que poder con todo.
Buenos días, corazón bendecido.
Este es tu momento con Dios.
Escribe abajo: Ya llegué, Dios.
Y la hora en que me escuchas.
Aquí no te toca resolver nada.
Por un rato, el teléfono puede esperar.
Vamos a bendecir tu nombre.
Y a dejar que te cuiden a ti.
Pon las manos sobre tus muslos.
Las palmas hacia abajo.
Sueltas.
Toma aire por la nariz...
y al soltarlo, que bajen los hombros.
Otra vez.
Toma aire...
Los hombros bajan un poco más.
Estaban cargando sin avisarte.
Siente tus manos ahí, quietas.
Por una vez, sin hacer nada.
Una vez más.
Suelta por la boca, despacio.
Ahora vamos a bendecir tu nombre.
Cada vez que diga "yo"...
di tu nombre.
En voz alta, o en tu corazón.
Te llaman de mil maneras.
"Mamá", "tía", "oye, ¿no has visto...?"
Tu nombre lo gritan desde la cocina.
Lo escriben en el grupo de la familia.
Hoy lo vas a oír con cariño.
Repite conmigo.
Yo...
también tengo quien me cuide.
Yo...
reparto el peso con Dios.
Yo...
puedo decir "no puedo".
Y nada se cae.
Otra vez.
Con las manos en los muslos.
Yo...
también tengo quien me cuide.
Yo...
reparto el peso con Dios.
Yo...
puedo decir "no puedo".
Y nada se cae.
Si te costó decirlo, es normal.
Llevas años diciendo "yo me encargo".
"No te preocupes.
Ya lo veo yo."
Quizá lo aprendiste muy temprano.
Que pedir era molestar.
Cuando pides...
dejas que te quieran.
Una última vez.
Más despacio.
Yo...
también tengo quien me cuide.
Yo...
reparto el peso con Yo...
Dios.
puedo decir "no puedo".
Y nada se cae.
Si quieres, escribe tu nombre en los comentarios.
Lo bendecimos juntos.
Y mientras lo escribes, piensa...
¿cuándo fue la última vez que alguien te sirvió el café?
Si no te acuerdas...
eso también dice algo.
Dios,
Tú conoces mi lista.
La que nadie ve.
Las citas de los demás.
Los pagos que llevo en la cabeza, sumando y volviendo a sumar.
Hoy te doy una No parte.
toda, todavía.
Pero una parte.
Mándame a alguien que me Y ayude.
dame valor para aceptarlo.
Que hoy acepte la silla que me ofrecen.
Que no diga "no se moleste" nada más por costumbre.
Que deje que otro lave los trastes.
Aunque no queden como yo los dejo.
Y si hoy nadie llega a ayudar...
Tú no me sueltas.
Eso sí lo sé.
Amén.
Sostener la casa entera cansa.
Aunque nadie lo note.
Y Dios no te pidió que lo cargaras todo.
Eso lo tomaste tú, por amor.
Dejarte cuidar también es amor.
Quien cuida a todos, también se cansa.
Si se te salieron las lágrimas, déjalas.
Aquí no tienes que salir con la cara lavada.
Hoy alguien más carga una bolsa.
Aunque sea la más chica.
Las manos siguen en tus muslos.
Los hombros, más abajo que al principio.
Y así, sin levantar nada...
vamos a nombrar a quienes te han sostenido.
Tus manos siguen en los muslos.
Los hombros,
abajo.
Hace un momento dijiste tu nombre.
Y pediste que te cuidaran.
No lo parece...
pero mucha gente te ha sostenido.
Toma aire despacio.
Y suéltalo como quien deja una bolsa pesada en el piso.
Otra vez.
Toma aire...
y suelta.
Repite conmigo.
Despacio, uno por uno.
Gracias, Dios...
por la vecina que me guardó el paquete.
Gracias por la amiga que llamó sin motivo.
Solo para saber de mí.
Gracias por quien lavó los trastes sin que se lo pidiera.
Gracias por aquel rato en el sillón.
Cuando cerré los ojos y nadie me buscó.
Gracias por el "no" que dije a tiempo.
Me ahorró un disgusto.
Gracias por el chofer que esperó a que yo subiera.
Gracias por quien me dejó llorar sin decirme nada.
Gracias por la comida que alguien más cocinó.
Piensa en una persona de esta lista.
Escribe su nombre en los comentarios.
Como un gracias en voz alta.
Gracias por el doctor que me escuchó hasta el final.
Gracias por las veces que pedí ayuda...
y la ayuda llegó.
Gracias por la persona que me dijo: "Siéntate.
Yo lo hago."
Gracias por los días que no pude...
y el mundo siguió igual.
Gracias por las manos ajenas que cargaron mis bolsas.
Gracias por quien recogió a los niños cuando yo no alcancé.
Gracias por el hermano que me prestó sin hacerme sentir mal.
Gracias por la noche que dormí de corrido.
Hacía falta.
Y gracias, Dios...
porque Tú no te cansas de mí.
Mira cuánta gente cabe en esa lista.
Y seguro te faltaron nombres.
Tú también estás en la lista de alguien.
Pero hoy te tocaba recibir.
Ahora, frases para soltar la carga.
Antes de cada una, tu nombre.
Yo acepto la ayuda que me ofrecen.
Yo digo "no puedo" sin pedir perdón.
Yo me siento a comer.
Con plato, no de pie.
Yo dejo que otros hagan las cosas a su manera.
Yo me canso.
Y eso no me hace menos.
Yo le cuento a alguien cómo estoy.
De verdad, no "bien, gracias".
Yo cuido a los míos...
y también me dejo cuidar.
Yo no sostengo el mundo.
Lo sostiene Dios.
Ahora, en silencio, dale a Dios eso que cargas y no le cuentas a
nadie.
Con tus palabras.
Como si se lo dijeras a una amiga en la banca de la iglesia.
Si es mucho, empieza por lo más chico.
Dios no se asusta de tu lista.
Y si no te salen palabras, quédate así, con las manos quietas.
Él entiende igual.
Dios ya lo tiene.
No tienes que volver a cargarlo.
Al terminar, piensa en una persona.
Alguien que sí te contesta.
Y hoy pídele una cosa pequeña.
Solo una.
Que te acompañe al Que banco.
recoja Que el pan.
te pase el agua.
No esperes a no poder más.
Pídelo hoy, con fuerzas todavía.
Y cuando te diga que sí...
no le expliques nada.
Solo di gracias.
Si te da vergüenza, pídelo igual.
Con la vergüenza y todo.
Parece poco.
Para ti es mucho.
Y si quieres, escribe en los comentarios:
No tengo que poder con todo.
Dios me sostiene.
Mañana volvemos a bendecir tu Dios nombre.
va contigo.