Para comenzar, siéntate con la espalda erguida para respirar sin rigidez.
De la forma que te resulte más cómoda y natural.
Cuando sientas que es el momento, cierra suavemente los ojos.
Con los ojos cerrados, siente la respiración tal como fluye en este momento.
Primero, observando la inhalación y la exhalación, sin necesidad de contar.
El peso de la gravedad y las costillas expandiéndose de forma natural.
¿Qué más puedes percibir en el fluir del aire en tu cuerpo?
Si un conteo de cuatro tiempos te resulta cómodo, pruébalo; si no, fluye natural.
Inhala suavemente en cuatro tiempos y exhala en cuatro, sin forzar jamás.
Sin esfuerzos excesivos: despertamos la respiración con infinita suavidad.
Deja que las costillas se expandan hacia los lados sin ninguna tensión.
Y abandonando el conteo de inmediato si surge cualquier mareo.
Continúa ahora con un respirar orgánico, sintiendo la calma en tu cuerpo.
Si te sientes mareado, detén la cuenta y regresa a tu ritmo espontáneo.
¿Qué sensaciones de claridad percibes detrás de tus ojos?
Solo observa. Acepta. Una práctica suave y consciente es más que suficiente.
Siente el espacio: los pulmones despiertan sin necesidad de competir.
El aire de la mañana es tu propio clima interior expandiéndose con calma.
No hay nada que conquistar; solo el aire que llega y se despide en paz.
Si la mente busca exigencias, regresa a un ritmo amable y sin esfuerzo.
Estando en conexión con tu respiración, tu cuerpo y un ritmo sostenible.
Estás despierto en tu respiración, y no solo por la hora del reloj.
Deja que tu atención regrese mientras la respiración encuentra su ritmo natural.
Abre los ojos: el nuevo día se respira con serenidad, no se conquista con prisa.