Hoy vamos a poner a tus hijos en manos de Dios.
Ese momento en la puerta.
"Ya me voy."
Las llaves, la mochila, el portazo.
Le dijiste "cuídate".
Te contestó "sí, sí"...
y ya iba bajando la escalera.
Y tú te quedaste escuchando hasta que el motor se perdió.
Después viene el camión lleno.
Y la carretera con neblina.
Y el teléfono boca arriba en la mesa.
Esperando dos palabras:
"ya llegué".
Respira...
Hoy no los acompañas tú.
Los acompaña Dios.
Buenos días, corazón bendecido.
Este es tu momento con Dios.
Si quieres, escribe abajo: Aquí estoy, por mis hijos.
Y cuántos traes hoy en el corazón.
Si tienes una puerta cerca, pon tu mano en el marco.
Si no, imagina la puerta por donde salen ellos.
La de tu casa, o la de antes.
Toma aire por la nariz.
Y suéltalo largo...
como quien por fin escucha la llave.
Primero, tu nombre.
Cada vez que diga "yo"...
di tu nombre.
En voz alta, o en tu corazón.
Repite conmigo.
Yo...
despido a mis hijos con la bendición de Dios.
Yo...
no puedo ir con ellos.
Dios sí va.
Ahora, sus nombres.
Di el nombre de cada hijo.
Y después de cada nombre, di: "Dios va delante de ti."
Uno por uno.
Como si salieran por esa puerta.
Tal vez en un nombre se te fue el aire.
Está bien.
Aquí se puede.
Otra vez.
Primero tu nombre.
Yo...
despido a mis con hijos la bendición de Yo...
Dios.
no puedo ir con ellos.
Dios sí va.
Y sus nombres.
"Dios va delante de Al ti."
que maneja de noche, también.
Si te tembló la voz en alguno, así se dice un nombre que se
quiere.
Una última vez.
Más despacio.
Yo...
despido a mis hijos con la bendición de Dios.
Yo...
no puedo ir con ellos.
Dios sí va.
Sus nombres, una vez más.
"Dios va delante de ti."
Si quieres, escribe sus nombres en los comentarios.
Los bendecimos juntos.
No hacen falta apellidos.
Con el nombre basta.
Y si no tienes hijos, di el nombre del niño que quieres.
La taza en el fregadero.
La cama todavía tibia.
Así se queda la casa cuando salen.
Piensa en la última vez que salió.
¿Qué llevaba puesto?
¿Le alcanzaste a ver la cara?
A veces uno se queda con la espalda.
La chamarra.
La gorra.
Eso también se bendice.
A veces ni voltean.
Y no pasa nada.
Así son.
Toma aire otra vez.
La mano quieta en ese marco.
Dios, Tú conoces esas calles.
Yo no.
El cruce sin semáforo.
El trabajo donde le gritan.
Ve con ellos hoy.
Ponles gente buena en el camino.
Alguien que les pregunte cómo están.
Al que salió enojado, cuídalo igual.
Que el coraje no le dure el día.
Y al que se fue sin desayunar, ponle algo en la mano.
Que no les falte el pasaje.
Que lleguen.
Y que regresen.
Y cuando yo no sepa dónde están...
Tú sí sabes.
Con eso me alcanza hoy.
Amén.
Tal vez hoy ese "ya llegué" tarde un poco.
Se le acabó la pila.
Se le olvidó.
Eso no es señal de nada.
Tienen su vida.
Y Dios anda en ella.
Ellos no saben que acabas de nombrarlos.
No importa.
Dios sí sabe.
Deja la mano en la puerta.
Un poco más.
Ahora vamos a contar las veces que ya Dios
te los trajo de vuelta.
Tu mano sigue en el marco.
La misma puerta por donde regresan.
Siente el marco bajo los dedos.
Firme.
Como siempre ha estado.
Porque han regresado.
Muchas más veces de las que temiste.
Toma aire despacio.
Y suéltalo...
como el suspiro al oír "ya llegué".
Una vez más.
Toma aire...
y suelta.
Repite conmigo.
Piensa en sus caras mientras lo dices.
Gracias, Dios...
por cada "ya llegué" que me ha llegado al teléfono.
Gracias por la noche de la tormenta.
Llegó empapado, pero llegó.
Gracias por el susto en la bicicleta.
Fue un raspón y nada más.
Gracias por el vecino que lo vio caer y lo trajo a la casa.
Gracias por la maestra que se quedó hasta que fueran por él.
Gracias por el señor del camión que lo despertó en su parada.
Gracias por el amigo de la cuadra.
El que lo acompaña de regreso.
Gracias por el que sabe hacer reír.
Hasta en el hospital hizo reír.
Gracias por el que llama poco...
pero cuando llama, se queda hablando.
¿Cuál fue el último "ya llegué" que te dejó respirar?
Cuéntalo abajo, en una línea.
Y seguimos.
Gracias por la que me manda audios largos.
Mientras espera el metro.
Gracias por sus manos.
Saben arreglar lo que yo no sé.
Gracias por el primer sueldo que llegó con un pan dulce para mí.
Gracias por la vez que volvió de lejos.
Y lo abracé en la terminal.
Gracias por los días aburridos.
Sin sustos, sin llamadas raras.
Y gracias, Dios...
porque Tú conoces sus caminos mejor que yo.
Ahora, frases para quien despide.
Di tu nombre antes, si quieres.
Yo los dejo ir con confianza.
Yo no imagino lo peor.
Pido lo mejor.
Yo espero su mensaje en paz.
Yo hago mi día.
Ellos hacen el suyo.
Yo los bendigo aunque salgan con prisa.
Yo confío en la gente buena del camino.
Yo no reviso su ubicación a cada rato.
Respiro y sigo.
Yo también salgo Y hoy.
Dios también va conmigo.
Yo suelto la puerta.
Dios se queda con ellos.
Ahora, en silencio, háblale a Dios del que más te preocupa.
Del que maneja cansado.
O del que no dice a dónde va.
Si son varios, empieza por uno.
Los demás vienen solos.
Con tus palabras.
Como se habla en la cocina.
Dios te escuchó.
Cada nombre.
Y mientras tú hablabas, ellos seguían su camino.
Bajo Su mirada.
Ya puedes soltar el marco.
Mira tu mano un momento.
Esa mano los despidió muchas veces.
Hoy los despidió bendecidos.
Hoy, antes de que se te pase,
escríbele a uno de tus hijos.
Una sola frase:
"Que Dios te acompañe hoy."
Sin preguntas.
Sin "¿ya comiste?".
Solo eso.
Y si te contesta con un dedito arriba, cuenta igual.
Lo leyó.
Y si quieres, escribe en los comentarios:
Dios cuida a mis hijos.
Van protegidos.
Y abajo, sus nombres.
Mañana volvemos a bendecir tu Dios nombre.
va contigo.