Esta noche vas a dejar a tus hijos con Dios.
Ya estás en la cama.
Pero el teléfono sigue junto a la almohada.
Con el volumen alto.
Por si acaso.
Esperas un mensaje.
Dos palabras nada más.
"Ya llegué."
Uno sí contestó.
Con un pulgar arriba.
Otro no ha abierto el chat.
Las dos palomitas grises.
Y tú haces cuentas.
A qué hora salió.
Cuánto tarda el camión.
Ya viste su foto de perfil.
Dos veces.
Como si eso dijera algo.
Y aunque cierres los ojos...
el oído sigue despierto.
Respira...
Ellos también están en Sus manos.
Buenas noches, corazón bendecido.
Este es tu momento con Dios.
Aquí no tienes que vigilar.
Esta vez cuida Él.
Si quieres, escribe abajo: Aquí estoy.
Y después, deja el teléfono quieto.
Vamos a decir sus nombres.
Vamos a soltar el día.
Y a dormir.
Pon la mano sobre el teléfono.
Encima, sin levantarlo.
Toma aire por la nariz.
Despacio.
Y suéltalo por la boca.
Largo.
Otra vez.
Toma aire...
y deja que la mano pese un poco más.
Una vez más.
Toma y aire...
suelta los hombros contra el colchón.
Ahora, sus nombres.
Primero el tuyo.
Cada vez que diga "yo"...
di tu nombre.
En voz baja, o en tu corazón.
Y donde diga "mis hijos"...
di sus nombres.
Uno por uno.
Repite conmigo.
Yo...
dejo a mis hijos en manos de Dios.
Yo...
no puedo estar en todos lados.
Dios sí.
Yo...
confío a Dios el camino de cada uno.
Otra vez.
Más bajito.
Yo...
dejo a mis hijos en manos de Dios.
Yo...
no puedo estar en todos lados.
Dios sí.
Yo...
confío a Dios el camino de cada uno.
Una última vez.
Casi sin voz.
Yo...
dejo a mis hijos en manos de Dios.
Yo...
no puedo estar en todos lados.
Dios sí.
Yo...
confío a Dios el camino de cada uno.
Dios, Tú los hiciste.
Antes de que yo los cargara.
Tú sabes dónde están ahorita.
Cuídalos donde yo no llego.
Amén.
Mañana, si quieres, escribe abajo los nombres de tus hijos.
Los bendecimos juntos.
Si no tienes hijos, di el nombre de quien cuidas.
Ahora vamos a soltar.
Repite despacio.
Hoy suelto la última revisión del teléfono.
Hoy suelto la ubicación que abrí tres veces.
Hoy suelto lo que no me contaron.
Hoy suelto el pleito de la cena.
La puerta que cerraron fuerte.
Hoy suelto la culpa de lo que no supe hacer.
Hoy suelto el "y si le pasa algo".
Hoy suelto mis ganas de arreglarles la vida.
Ya son grandes.
O se están haciendo grandes.
Lo que les enseñaste va con ellos.
Aunque no lo digan.
Mientras tú duermes...
Dios no apaga la luz.
Di tu nombre una vez más.
Solo el tuyo.
Esta noche tu nombre descansa.
Sin pendientes encima.
Ahora, poco a poco...
retira la mano del teléfono.
Déjala sobre la sábana.
Abierta.
Si de verdad te necesitan, te van a encontrar.
Lo demás, mañana.
Y con la mano libre...
vamos a ver lo bueno de hoy.
Tu mano sigue abierta.
Sobre la sábana, quieta.
Ya no está cuidando el teléfono.
Está descansando.
Toma aire despacio.
Y suéltalo hacia la almohada.
Otra vez.
Más lento.
Deja que la espalda se hunda en el colchón.
Las piernas, quietas.
La cara, suelta.
Vamos a bendecir sus nombres.
Ahora sin miedo.
Donde diga "mi hijo"...
di cada nombre.
Hijo o hija, igual.
Dios bendice a mi hijo esta noche.
Dios cuida su sueño.
Donde sea que duerma.
Dios pone gente buena en su camino de mañana.
Otra vez.
Con el siguiente nombre.
Dios bendice a mi hijo esta noche.
Dios cuida su sueño.
Donde sea que duerma.
Dios pone gente buena en su camino de mañana.
Si tienes más nombres, sigue tú.
Yo te espero.
Hoy hubo cosas buenas.
Pequeñas.
Vamos a buscarlas.
Repite conmigo.
Gracias, Dios...
por la nota de voz de hoy.
Aunque fuera para pedirme algo.
Gracias por la foto que me mandaron.
Movida, pero me la mandaron.
Gracias por el plato que regresó vacío.
Gracias por la risa que oí desde la cocina.
Gracias por el "ya voy" que sí llegó.
Gracias por la tarea entregada.
Por el turno que terminó.
Gracias por el abrazo rápido en la puerta.
Y gracias, Dios...
por los días sin noticias.
Casi siempre son días buenos.
Ahora unas frases para quien se queda despierto pensando en ellos.
Di tu nombre antes, si quieres.
Yo los quiero sin tener que vigilarlos.
Yo duermo aunque falte un mensaje.
Yo confío en lo que les enseñé.
Yo dejo que Dios llegue a donde yo no llego.
Yo también merezco descansar.
Yo no tengo todas las respuestas.
Y está bien.
Yo mañana los vuelvo a querer.
Con fuerzas nuevas.
Ahora, en silencio, háblale a Dios de cada uno.
Del que te preocupa más.
Y del que casi no nombras.
Con tus palabras.
Como se habla de noche.
Si hay uno que no te habla, nómbralo también.
Dios no corta la llamada.
Dios ya los A tiene.
todos.
Antes de cerrar los ojos...
toma el teléfono una vez.
Ponlo en silencio.
Deja que entren solo las llamadas de los tuyos.
Y ponlo boca abajo.
Lejos de la almohada.
Ya no hay que revisar nada.
La última revisión ya se la diste a Dios.
Ahora acomódate.
Del lado que te gusta.
Jala la cobija hasta donde la quieras.
La casa ya hizo sus ruidos.
El refri.
Un perro lejos.
Todo eso sigue.
Tú ya puedes parar.
Ellos duermen bajo el mismo cielo.
Y Dios los cubre a todos.
Toda la noche.
Mañana, al despertar, escribe en los comentarios:
Dejo a mis hijos con Dios.
Duermo en paz.
Y debajo, sus nombres.
Tu nombre está bendecido.
Duerme en paz.
Dios sigue obrando
mientras descansas.