Hoy vamos a bendecir a tus nietos.
Uno por uno.
Tal vez los ves menos de lo que quisieras.
La videollamada que se congela justo cuando te iba a enseñar algo.
El dibujo pegado en el refri, con un sol que tiene cara.
Y ese mundo en el que están creciendo...
tan rápido, tan lleno de pantallas.
Y a veces te enteras de las cosas por una foto en el grupo.
Respira...
Ellos también están en manos de Dios.
Buenos días, corazón bendecido.
Este es tu momento con Dios.
Escribe abajo cuántos nietos tienes.
Solo el número.
Con eso basta.
Hoy no vienes con las manos vacías.
Traes contigo sus nombres.
Junta tus manos sobre las piernas.
Con el pulgar, frota la otra mano por encima.
Despacito.
Como cuando cruzas la calle con una manita chiquita en la tuya.
Toma aire por la nariz...
y suéltalo largo, como quien sopla una vela de pastel.
Otra vez.
Toma y aire...
suelta.
Los hombros bajan solos.
Primero, tu nombre.
Cada vez que diga "yo"...
di tu nombre.
En voz alta, o en tu corazón.
Repite conmigo.
Yo...
tengo nietos.
Y Dios me puso en su camino.
Ahora, sus nombres.
Cuando diga "a ti", di el nombre del primero.
Dios te guarda a ti.
Cuando sales a la Y escuela.
cuando vuelves con hambre.
Ahora el que sigue.
Su nombre, con calma.
Dios te guarda a ti.
En el recreo y en la calle.
Y si hay más, dilos todos.
No hay prisa.
Dios los guarda a todos.
Al que ya es grande y al que todavía usa pañal.
Si quieres, escribe en los comentarios
los nombres de tus nietos.
Los bendecimos juntos.
Si no tienes nietos, di el nombre de los niños que quieres como tuyos.
Otra vez.
Tu nombre primero.
Yo...
bendigo a mis nietos cada mañana, aunque no los vea.
Yo...
los pongo en manos de Dios y suelto lo que no me toca.
Yo...
les dejo algo bueno cada vez que les hablo.
Quizá se te quebró la voz al decir un nombre.
Pasa seguido.
Hay nombres que pesan bonito.
Una vez más.
Más lento.
Con el pulgar en la mano.
Yo...
bendigo a mis nietos cada mañana, aunque no los vea.
Yo...
los pongo en manos de Dios y suelto lo que no me toca.
Yo...
les dejo algo bueno cada vez que les hablo.
Dios, Tú sabes sus nombres.
Y dónde está cada uno hoy.
Sabes cuál tiene miedo a la oscuridad.
Cuál se muerde las uñas.
Cuál no quiere comer verdura.
Cuídalos donde yo no llego.
En el salón de clases.
En el teléfono que traen en la mano.
Que alguien los abrace cuando yo no pueda.
Una maestra paciente.
Un amigo que no los deje solos.
Y dale paciencia a sus papás.
Que también están cansados.
Que se rían mucho.
Que alguien les enseñe a pedir perdón.
Amén.
Si hoy alguno anda lejos de ti, por distancia o por pleito, su nombre
igual cuenta.
Dios no necesita que estén cerca para cuidarlos.
Acuérdate de alguna tarde con ellos.
Cualquiera.
La vez que te ayudaron a regar.
O que se durmieron en tu sillón, con la boca abierta.
Esa tarde también la vio Dios.
Y la guardó.
Sigue con el pulgar en tu mano.
Ida y vuelta.
Esa mano tuya ha cargado más de uno.
Y los sigue cargando, a su modo.
Y con sus nombres todavía en la boca...
vamos a agradecer lo que nos dan.
El pulgar sigue en tu mano.
Ida y despacito.
vuelta,
Como si todavía la tuvieras agarrada de la tuya.
Sus nombres siguen aquí.
No se fueron a ningún lado.
Toma aire...
y suéltalo con una sonrisa chiquita.
Aunque sea de lado.
Repite conmigo.
Uno por uno.
Gracias, Dios...
por el día que me dijeron que iba a ser abuela, abuelo.
Gracias por la primera vez que lo cargué.
Tan chiquito que daba miedo.
Gracias por su risa.
Esa que se oye desde la otra cuadra.
Gracias por sus dibujos.
El sol con cara, el perro morado.
Gracias por la primera palabra que me dijo a mí.
Gracias por las tardes de tarea en la mesa de la cocina.
Gracias por las veces que me pidió otro cuento.
Y otro.
Gracias por los abrazos con las manos pegajosas de dulce.
¿Y a ti cómo te dicen?
Abue, Lita, Nana, Tata...
Escríbelo abajo.
Me encanta leerlos.
Gracias por los audios donde no se entiende nada.
Y yo los escucho tres veces.
Gracias por la foto del diente caído.
Y la sonrisa con hueco.
Gracias por las veces que me ganó jugando a la lotería.
Y yo lo dejé ganar.
Gracias por la cobija de la siesta.
La que todavía huele a ellos.
Gracias por el grande, que ya casi no me abraza.
Pero cuando lo aprieta.
hace,
Gracias por sus papás.
Que los crían como pueden.
Gracias por las recetas que voy a dejarles.
Aunque no las escriba.
Gracias por que el miedo me quitan.
Con solo decirme "abue".
Gracias por los que todavía no conozco.
Y gracias, Dios...
por darme tiempo de verlos crecer.
Ahora, palabras para quien ya es abue.
Tu nombre antes, si quieres.
Yo soy un lugar seguro para mis nietos.
Yo los escucho sin regañar primero.
Yo bendigo a mis nietos aunque no estén de acuerdo conmigo.
Yo respeto cómo los crían sus papás.
Yo les cuento de dónde vienen.
Yo dejo que Dios los cuide donde mis brazos no alcanzan.
Yo también me cuido.
Para estar con ellos más tiempo.
Yo no compito por su cariño.
Hay lugar para todos.
Yo les hablo de Dios con mi manera de tratarlos.
Ahora, en silencio,
háblale a Dios de uno de ellos.
El que más te preocupa hoy.
Con su nombre.
Y con lo que te quita el sueño.
Una tristeza que notaste.
Una calificación.
Un silencio raro en la mesa.
Díselo como le cuentas algo a tu comadre,
en la cocina.
Dios lo escuchó.
Con nombre y todo.
Y lo que no supiste decir,
también lo entendió.
Al terminar, toma el teléfono.
Mándale un audio a uno de tus nietos.
Cortito.
Algo como: "Dios te cuide hoy, mi amor.
Te quiero mucho."
Si es bebé, mándaselo a sus papás.
Igual le llega.
Y si con sus papás hay distancia, mándalo igual.
Sin reclamos.
No esperes que conteste.
Es tuyo darlo.
A lo mejor lo escucha hoy.
A lo mejor dentro de muchos años.
Las dos cosas sirven.
Y si quieres, escribe en los comentarios: Dios bendice a mis nietos.
Y luego, sus nombres.
Mañana volvemos a bendecir tu nombre.
Dios va contigo.