difícil...
y no te cuenta todo.
Y el que ya tiene hijos propios...
y aun así sigue siendo tu niño.
Los criaste.
Y ahora hay cosas que ya no puedes arreglar por ellos.
Desde afuera parece que todo está bien.
Y tú con el teléfono cerca, por si acaso.
Respira...
Hoy los vamos a poner en buenas manos.
Buenos días, corazón bendecido.
Hoy es el día tres de diez.
Este es tu momento con Dios.
Y hoy traes contigo sus nombres.
Si no tienes hijos, piensa en quien quieres como si lo fuera.
Un sobrino.
Un ahijado.
Ese nombre también cuenta hoy.
Vamos a decir sus nombres delante de Dios.
Y dejarlos ahí.
Pon las manos sobre tus piernas.
Con las palmas hacia arriba.
Abiertas.
Como quien entrega algo.
Si tienes una foto de ellos cerca, mírala un momento.
Y luego cierra los ojos.
Toma aire por la nariz.
Despacio.
Y suéltalo...
con las manos quietas.
Otra vez.
Toma aire...
y deja salir un poco de esa preocupación de madrugada.
Toma aire una vez más.
Y suelta.
Ellos también están respirando ahora.
Donde sea que estén.
Hoy vamos a bendecir tu nombre...
y después, los suyos.
Cada vez que diga "yo"...
di tu nombre.
En voz alta, o en tu corazón.
Tu nombre va primero.
Tú también necesitas a Dios hoy.
Aunque siempre te pongas al final.
Cuando te lo pida, dirás el nombre de cada hijo.
Si son muchos, dilos todos.
Si es uno solo, dilo con calma.
Repite conmigo.
Yo...
pongo a mis hijos en las manos de Dios.
Yo...
no puedo cuidarlos en todo.
Dios sí puede.
Yo...
bendigo sus nombres uno por uno.
Ahora di el nombre de tus hijos.
Uno por uno.
Sin apurarte.
Y a cada uno, en tu corazón, dile: Dios te cuida.
Tal vez viste sus caras.
De chiquitos, o como están ahora.
Otra vez.
Primero tu nombre.
Yo...
pongo a mis hijos en las manos de Dios.
Yo...
no puedo cuidarlos en todo.
Dios sí puede.
Yo...
bendigo sus nombres uno por uno.
Sus nombres otra vez.
Y el que más te preocupa...
dilo al final.
Despacio.
Si se te hizo un nudo aquí, déjalo.
Es amor, nada más.
Aquí nadie te apura.
Tómate tu tiempo.
Una última vez.
Yo...
pongo a mis hijos en las manos de Dios.
Yo...
no puedo cuidarlos en todo.
Dios sí puede.
Yo...
bendigo sus nombres uno por uno.
Y ahora, si hay alguien más...
un nieto, o tu hermano...
dilo también.
Todos esos nombres ya están delante de Dios.
Dios, Tú los conoces desde antes que yo.
Donde yo no llego...
llegas Tú.
Al turno de noche.
A la ciudad donde nadie le pregunta cómo le fue.
Cuídalos hoy.
También al que está enojado conmigo.
Y al que ni sabe que hoy rezo por él.
Yo hice lo que pude con ellos.
Lo que falta, ponlo Tú.
Amén.
Tal vez hoy te llamen.
Tal vez no.
Igual quedaron bendecidos.
Por ahora, no tienes que hacer nada más por ellos.
Solo quererlos desde aquí.
Eso ya lo haces bien.
Deja las manos así, abiertas.
Con sus nombres ahí.
Y sin cerrarlas...
vamos a dar gracias por cada uno.
No te los va a quitar.
Tal vez alguno todavía duerme.
Y no sabe que acabas de bendecirlo.
Toma aire despacio.
Y
suéltalo.
Como cuando por fin contestan el teléfono.
Una vez más.
Toma aire...
y suelta.
Repite conmigo.
Piensa en cada cara mientras lo dices.
Gracias, Dios...
por el día que nació mi primer hijo.
Por ese llanto que lo cambió todo.
Gracias por el más chico.
Que ya está grande, y todavía me pide la bendición.
Gracias por las loncheras que preparé de madrugada.
Todas valieron la pena.
Gracias por el que se parece a mí.
Hasta en lo terco.
Gracias por el que vive lejos.
Aunque la casa se sienta grande sin él.
Gracias por el que me hace renegar.
Lo quiero igual.
A veces más.
Gracias por los nietos, si los hay.
Por las fotos borrosas que me mandan.
Gracias por la llamada que llegó solo para contarme algo bueno.
Gracias por mi mamá.
Con su carácter, y con sus rezos.
Gracias por mi papá,
esté aquí o ya no esté.
Gracias por mis Por hermanos.
las peleas de niños Gracias que hoy nos dan risa.
por mi suegra.
Sí.
También por ella.
Gracias por ese familiar con quien hoy no me hablo.
Lo pongo aquí igual.
Gracias por la familia que elegí.
La que no es de sangre y llegó cuando la necesitaba.
Y gracias, Dios...
porque ellos también son tuyos.
Antes que míos.
Si alguno de esos nombres te costó, está bien.
Lo dijiste.
Eso ya es mucho.
Ahora, unas frases de quien cuida.
Di tu nombre antes, si quieres.
Yo confío mis hijos a Dios.
Yo puedo amarlos sin controlarlo todo.
Yo dejo que crezcan.
Aunque me cueste soltar.
Yo respeto sus decisiones.
Aunque no sean las mías.
Yo bendigo mi hogar.
Esté lleno o esté en silencio.
Yo los sigo queriendo aunque ya no me necesiten igual.
Yo no cargo esto sin ayuda.
Dios carga conmigo.
Yo también tengo un Padre que me cuida.
puedo Yo pedir por ellos y descansar al mismo tiempo.
Ahora, en silencio, pídele a Dios por uno de ellos.
El que más lo necesita hoy.
Tú sabes quién es.
A es veces el que menos habla.
Puede ser algo grande.
O algo pequeño, como que duerma bien.
Dile su nombre a Dios.
Y lo que te preocupa de él.
Ya se lo dijiste a quien puede.
Esto es para hoy, antes del mediodía.
Mándale un mensaje corto a uno de tus hijos.
O a alguien de tu familia.
Algo "Dios así:
Nada te bendiga hoy.
Te quiero."
más.
Sin preguntar por qué no ha llamado.
Si no contesta rápido,
no importa.
La bendición ya llegó.
Si alguno te cuesta escribirle...
empieza por ese.
Y
si quieres, escribe en los comentarios: Dios cuida a mis hijos...
y bendice mi hogar.
Y abajo, escribe sus nombres.
Que queden ahí, uno junto al otro.
Mañana es el día cuatro.
Vamos a dar gracias por tu cuerpo.
El que carga con todos ellos.
Mañana volvemos a bendecir tu nombre.
Dios va contigo.