Para comenzar esta meditación de conexión con tu ser superior, siéntate donde puedas escucharte.
De la forma que te resulte más cómoda y centrada.
Cuando tu cuerpo se sienta listo, puedes cerrar suavemente los ojos.
Mira hacia adentro y no hacia arriba, como si la sabiduría estuviera lejos en el cielo.
Primero, siente ese espacio de calma en tu pecho o vientre donde habita tu verdad.
Tu ser superior no es un extraño en las nubes: eres tú mismo, libre de miedos y prisas.
Hazte una pregunta cuya respuesta bondadosa ya conoces en el fondo.
Escucha esa frase compasiva: no una visión grandiosa, sino una verdad sencilla.
No necesitas señales extraordinarias: una voz interior serena ya es conexión pura.
Descansa en esa certeza interior y permite que sea más que suficiente.
Si surge una voz crítica, reconócela y regresa con ternura a tu guía compasiva.
Esta es la autoridad sabia y apacible desde la que puedes guiar tu vida.
Siente cómo tu cuerpo acoge esta amabilidad: mandíbula, hombros y vientre relajados.
No te estás convirtiendo en otra persona: simplemente estás silenciando el ruido.
¿Cuál es la próxima pequeña decisión que tomarías guiado por esta sabiduría?
No tienes que resolver toda tu vida hoy: un solo paso consciente es suficiente.
Si la mente busca respuestas lejanas, regresa a la presencia de esta habitación.
La sabiduría ya habita en ti: se manifiesta a través de la bondad cotidiana.
Si el pensamiento se dispersa, está bien: vuelve a tu frase de certeza y paz.
Permite que todo simplemente sea, abrazando incluso a la parte que aún duda.
Ahora deja que tu atención regrese: siente tus hombros, dedos y el asiento.
Lleva contigo esa certeza sabia y amorosa, mientras abres lentamente los ojos.