Esta noche...
no vas a revisar lo que faltó.
Ya estás en la cama.
Y la lista sigue corriendo.
El uniforme sin lavar.
La llamada que no devolviste.
El mensaje en visto.
Desde temprano.
La luz del teléfono todavía en la cara.
Y esa cosa rara...
la culpa por haberte sentado.
Un ratito en el sillón.
Y ya sentías que era flojera.
Cenaste de pie.
Junto a la estufa.
Te bañaste rápido.
Pensando en lo de mañana.
Respira...
Por hoy ya fue suficiente.
Buenas noches, corazón bendecido.
Este es tu momento con Dios.
Aquí no hay lista.
Aquí nadie te pide nada.
Si todavía tienes el teléfono en la mano, escribe una palabra: Aquí.
Y luego suéltalo.
Esta noche ya no lo necesitas.
Esta noche vamos a soltar el Y día.
a limpiar tu nombre de tanto regaño.
Acomoda la almohada.
Bajo la mejilla.
Deja una mano sobre la sábana.
Abierta.
Toma aire despacio...
y déjalo salir hacia el colchón.
Otra vez.
Toma aire...
y suelta.
Que la cama te cargue.
Una vez más.
Toma aire...
y al soltar, afloja la frente.
El ceño de todo el día.
La espalda se hunde un poquito más.
Repite conmigo.
Bajito.
Hoy suelto la lista.
Hoy suelto lo que no alcancé.
Hoy suelto la ropa en la silla.
Esa montaña puede esperar.
Hoy suelto la voz que me regaña.
Hoy suelto el "debiste".
Hoy suelto la cara de alguien que esperaba más de mí.
Hoy suelto el teléfono.
Y lo que no contesté.
Hoy suelto este día.
Así como quedó.
Ahora tu nombre.
Cada vez que diga "yo"...
di tu nombre.
En voz alta, o en tu corazón.
Hoy tu nombre se oyó con prisa.
Lo gritaron desde la cocina.
Esta noche se dice despacio.
Como se le habla a alguien que ya se va a dormir.
Yo...
hice suficiente por hoy.
Yo...
me quito la culpa como me quito los zapatos.
Yo...
descanso en Dios.
Si se te cerraron los ojos a media frase, está bien.
Si quieres, escribe tu nombre en los comentarios.
Lo bendecimos juntos.
Mañana, con calma.
Y si ya tienes los ojos cerrados, no lo escribas.
Dios ya lo leyó.
Otra vez.
Más lento.
Yo...
hice suficiente por hoy.
Yo...
me quito la culpa como me quito los zapatos.
Yo...
descanso en Dios.
Dios, aquí te dejo mi día.
Con lo que salió.
Y con lo que no.
Tú ya lo viste todo.
Limpia mi nombre de cada regaño.
Del mío también.
Sobre todo del mío.
De las veces que me dije "no sirves para nada".
Tú nunca me hablaste así.
Enséñame a no hablarme así.
Y mientras duermo, cuida lo que dejé pendiente.
Amén.
La mejilla sigue en la almohada.
La mano, sobre la sábana.
Y ahí, sin moverte...
vamos a contar lo que sí hiciste.
Tu mano sigue en la sábana.
Abierta.
Sin agarrar nada.
Así se ve
una mano que ya terminó.
La almohada guarda el calor de tu cara.
Hace un momento soltaste el día.
Toma aire despacio...
y déjalo ir como cuando por fin te acuestas.
Otra vez.
Toma aire...
y suelta.
Más lento que antes.
No tienes que respirar bien.
Solo respirar.
Repite conmigo.
Cosas chiquitas de hoy.
Gracias, Dios...
por el plato que serví.
Caliente, aunque fuera sencillo.
Gracias por la llamada que sí contesté.
Aunque fuera corta.
Gracias por el camión que alcancé.
Corriendo, pero lo alcancé.
Gracias por la cama tendida.
O destendida.
Aquí está.
Gracias por el vaso de agua junto a la cama.
Gracias por el abrazo rápido en la puerta.
Y gracias por este rato.
El primero del día sin pendientes.
Eso hiciste hoy.
Y todavía no te lo habías dicho.
Nadie te dio las gracias.
Pues te las das tú.
Y te las da Dios.
Ahora tu nombre otra vez.
Muy despacio.
Cada vez que diga "yo"...
di tu nombre.
Aunque sea en tu mente.
Yo...
merezco este descanso.
Yo...
no tengo que ganármelo.
Otra vez.
Yo...
merezco este descanso.
Yo...
no tengo que ganármelo.
Una última vez.
Casi sin voz.
Yo...
merezco este descanso.
Yo...
no tengo que ganármelo.
Unas frases para dormir.
Solo escúchalas.
Lo que faltó...
puede esperar.
Dios no me mide por la lista.
No soy lo que me faltó.
Soy Su hija, Su hijo.
Con lista o sin lista.
Mañana empiezo desde donde quedé.
Mi cuerpo hizo bastante.
Ahora le toca dormir.
Me hablo bajito.
Con cariño.
Si mañana me equivoco, me lo digo sin gritar.
La casa puede estar a medias.
Yo también.
Hoy fui lo que pude ser.
Y alcanzó.
Estoy en buenas manos.
Si ya te estás quedando dormida, o dormido...
déjate ir.
La voz se queda aquí.
Contigo.
Ahora, en silencio, dile a Dios una sola cosa.
Lo que más te pesa de todo lo de hoy.
Una frase.
Y ya.
No tiene que estar bonita.
Dios entiende
las frases a medias.
Ya lo tiene No Él.
tienes que cuidarlo tú.
Mientras duermes, Él sigue despierto.
Antes de dormirte, voltea el teléfono.
Boca abajo.
Y déjalo lejos.
Donde no lo alcance la mano.
En la cómoda.
O en la cocina.
Donde quede.
Si alguien te necesita, Dios sabe cómo encontrarte.
La lista de mañana no se escribe esta noche.
Mañana, con café, la vemos.
Con luz y con calma.
Y si quieres, mañana, al despertar, escribe en los comentarios:
Hoy hice suficiente.
Descanso en Dios.
Y lee lo que escriben otros.
Ya verás que no eres la única persona que se exige tanto.
Tu nombre está bendecido.
Duerme en paz.
Dios sigue obrando
mientras descansas.